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¿Cómo acompañar este verano a una persona con un Trastorno de la Conducta Alimentaria?

Cómo acompañar en verano a una persona con trastorno de la conducta alimentaria

Una profesional de la salud mental comparte los desafíos que enfrenta una persona con un trastorno de la conducta alimentaria durante esta época del año y ofrece claves para que el entorno se convierta en un espacio seguro. 

Cada año, con la llegada del verano, aumentan los mensajes relacionados con la pérdida de peso, las dietas rápidas y la llamada "operación bikini". La publicidad y las redes sociales refuerzan ideales estéticos y expectativas sobre cómo debería verse un cuerpo durante esta época del año. Para las personas que atraviesan un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), esto puede convertirse en una fuente adicional de malestar y ansiedad.

Andrea Ádrover Gómez, psicóloga de Ita Alicante, centro especializado en la atención de trastornos de la conducta alimentaria, señala hasta qué punto el verano puede representar un agente de estrés y ansiedad para quienes sufren un TCA: 

“Algunas personas evitan planes sociales, dejan de ir a la playa o utilizan ropa amplia incluso con altas temperaturas para esconder su cuerpo. Otras viven estas situaciones con una sensación constante de vigilancia y autoexigencia.”

La exposición constante del cuerpo durante estos meses reactiva emociones intensas asociadas al trastorno y quienes están en tratamiento pueden recaer al sentirse observados, juzgados y comparados. Sin embargo, el entorno familiar y social puede convertirse en un lugar seguro y de contención. 

En primer lugar, la profesional de Ita Alicante señala que deben evitarse comentarios sobre el aspecto físico de la persona. Por ejemplo, expresiones como "has adelgazado, se te nota muchísimo", pueden reforzar el malestar y alimentar los pensamientos propios del trastorno.

Además, es importante generar un entorno donde la persona pueda expresar cómo está viviendo estas semanas. Escuchar sin juzgar, validar sus emociones y abrir espacios de conversación desde el interés genuino facilita que la persona se sienta comprendida y pueda pedir ayuda cuando lo necesite. Todo ello, cuidando el equilibrio entre el acompañamiento y el exceso de control. 

Aunque es habitual que las familias permanezcan más atentas durante las vacaciones, especialmente si la persona se encuentra en tratamiento, convertir cada comida o cada actividad en una supervisión constante puede incrementar la sensación de presión. "Acompañar significa estar presentes, ofrecer apoyo y respetar también sus espacios, sin que toda la vida familiar gire alrededor del trastorno", explica Ádrover.

La especialista también recomienda mantener cierta rutina durante las vacaciones. Aunque el verano implique cambios de horarios, viajes o comidas fuera de casa, conservar una estructura básica puede aportar mayor seguridad y reducir la incertidumbre.

Por último, no es necesario aspirar a un verano perfecto. La recuperación de un trastorno de la conducta alimentaria es un proceso gradual, en el que pueden aparecer momentos de mayor dificultad sin que ello implique un retroceso. "Lo más importante es que la persona sienta que no tiene que enfrentarse sola a estas dificultades. Saber que cuenta con una red que acompaña sin juzgar puede marcar una diferencia significativa en su proceso de recuperación", concluye la psicóloga.