Cómo apoyar emocionalmente a una persona después de una experiencia traumática

Cómo apoyar emocionalmente a una persona después de una experiencia traumática

Enfrentarse a una experiencia traumática supone un impacto de gran intensidad que puede sobrepasar por completo la capacidad de gestión de una persona. 

Un suceso traumático genera una respuesta emocional de tal magnitud que el organismo se ve incapaz de asimilarlo en el momento. Tal como explica Marta Romero, psicóloga de Ita Sabadell, esta vivencia puede afectar profundamente el recuerdo del hecho y la forma en que el individuo aborda situaciones futuras que guarden cierta similitud. No obstante, la clave no reside únicamente en la gravedad intrínseca del evento, sino en la vivencia subjetiva del mismo.

“No es tanto qué sucede, sino cómo la persona lo vive. Es perfectamente posible que dos personas atraviesen exactamente la misma situación traumática y, sin embargo, la procesen de maneras completamente distintas. Respetar esa individualidad es el primer paso para poder ayudar de verdad”, destaca Marta Romero.

Para construir un entorno protector y reparador, la profesional enfatiza la importancia de verificar en primer lugar si la persona afectada desea hablar sobre lo sucedido. Cuando existe apertura emocional, resulta fundamental cuidar el lenguaje no verbal: mantener la mirada, prescindir de distracciones como teléfonos móviles, mostrar cercanía física y evitar interrupciones. Del mismo modo, si la persona prefiere no hablar, requiere distancia o evita el contacto físico, su espacio debe ser rigurosamente respetado. 

“El hecho de que alguien decida compartir una vivencia así representa un gesto de enorme vulnerabilidad y confianza. Para que esa apertura sea reparadora, debemos validar sus emociones sin juzgar, crear un espacio absolutamente cuidador y permitirle marcar su propio ritmo, ya sea para expresarse, pausar, respirar o llorar”, añade la profesional de Ita Sabadell.

Asimismo, la especialista aconseja no realizar preguntas inquisitivas o dirigidas a obtener detalles del suceso, ya que es probable que la persona aún no se encuentre preparada para verbalizar determinados momentos de la vivencia. En lugar de indagar, debemos ofrecer una escucha atenta y, al finalizar, preguntar de forma respetuosa de qué manera se le puede prestar ayuda.

Marta Romero nos facilita algunas pautas clave para el apoyo en momentos de trauma:

  • Evaluación de la disposición: Confirmar si la persona desea hablar antes de abordar el tema.
  • Lenguaje no verbal consciente: Mantener la presencia plena, evitar distracciones y respetar los límites corporales.
  • Validación sin juzgar: Aceptar las emociones expresadas como legítimas y reparadoras.
  • Respeto absoluto de los tiempos: Permitir pausas, llanto y silencio sin presionar para obtener detalles.
  • Acompañamiento continuo: Mostrar presencia constante en los días posteriores, cuando el malestar persiste.
  • Acompañamiento en el silencio: Si no hay comunicación verbal, ofrecer presencia serena, apoyo práctico y actividades de distracción.

Dado que la asimilación del trauma es un proceso complejo y prolongado, es muy habitual que el malestar emocional persista en los días posteriores. Por ello, la presencia constante y el compromiso a largo plazo resultan cruciales para evitar el aislamiento de la persona afectada.

“Si la persona no se siente capacitada para hablar, el simple hecho de estar ahí, ofrecer planes suaves de distracción y mostrar una disponibilidad sincera ya constituye una ayuda inestimable. Incluso cuando alguien no sabe exactamente qué necesita, sentir que hay un hombro en el que apoyarse marca una diferencia sustancial en su proceso de sanación”, concluye la profesional del centro.