Profesionales de la salud mental comparten recomendaciones para gestionar el impacto psicológico de las emergencias y cuidar el bienestar de las personas afectadas.
Los incendios dejan a su paso daños visibles sobre el territorio, las viviendas y el entorno natural, pero también pueden generar consecuencias menos evidentes: su impacto en la salud mental de las personas.
La complejidad emocional de estos episodios radica en la falta de previsibilidad y de control que generan. La sensación de no poder hacer nada para remediar una situación como es una catástrofe natural puede generar ansiedad, frustración e impotencia, tanto para quienes la viven de cerca como para su entorno familiar. Sin embargo, es posible aplicar algunas pautas para reducir el impacto emocional y favorecer una mejor adaptación a la situación.
Ximena Sereno, psicóloga clínica de Iterias, centro de psicoterapia y bienestar en Madrid, explica en primer lugar que, emociones como la ansiedad, la tristeza, la frustración o incluso el enfado son respuestas normales ante una situación excepcional. «Reconocer estas emociones y permitirnos sentirlas es el primer paso para gestionarlas de una forma saludable».
Para reducir el impacto psicológico, la especialista recomienda priorizar la seguridad física y mantener, en la medida de lo posible, pequeñas rutinas diarias.
«Conservar horarios de comidas, descanso o actividades sencillas ayuda a recuperar una sensación de estabilidad y control», afirma.
Del mismo modo, es importante limitar la exposición continuada a imágenes o noticias sobre la emergencia, ya que el exceso de información puede incrementar el estrés y la ansiedad.
Asimismo, recuerda la importancia de cuidar las necesidades básicas. Dormir lo suficiente, mantenerse hidratado, alimentarse de forma equilibrada y descansar favorece tanto la recuperación física como el bienestar emocional.
Si con el paso de los días aparecen dificultades importantes para dormir, ataques de ansiedad, recuerdos intrusivos, irritabilidad intensa o una sensación persistente de desesperanza que interfiere con la vida cotidiana, Sereno recomienda solicitar ayuda psicológica especializada.
La importancia del entorno
En estos momentos, el apoyo de familiares, amistades y personas de confianza resulta fundamental. Compartir lo vivido en un entorno seguro ayuda a organizar los pensamientos y reduce la sensación de aislamiento.
En el caso de niños, niñas y adolescentes, es importante acompañarles respondiendo a sus preguntas con calma y sinceridad, y manteniendo sus rutinas siempre que sea posible.
«En una situación de emergencia, cuidar la salud mental es tan importante como proteger la salud física. La solidaridad, el apoyo mutuo y pedir ayuda cuando sea necesario son herramientas esenciales para afrontar las consecuencias emocionales de estos acontecimientos», concluye Sereno.