La "primera mirada"
Hola compañeras y compañeros.
Hoy escribo con motivo del Día del Trastorno Bipolar. De mala gana, pero os escribo. Puede que os preguntéis el por qué. La respuesta es muy sencilla: el trastorno bipolar que padezco fue causado por casi veinte años de un brutal bullying continuado hacia mi persona. Esto me hace sentir muy mal y me duele profundamente (sin ánimo de herir sensibilidades).
Quizás también os preguntéis el motivo de este escrito. Pues bien, lo hago por si puede serviros de ayuda en algo.
Os expondré algunas pinceladas de lo que me está sirviendo en la gestión de pensamientos y emociones. Por mi experiencia, parece que a nosotras y nosotros -“los bipolares”, como nos llaman- tenemos cierta sensibilidad con algunos pensamientos y emociones.
¿Es posible gestionarlos? Sí, aunque no siempre es fácil. Pero se puede, o al menos se pueden suavizar aquellos que nos generan malestar. Y la “pregunta del millón” es: ¿cómo?
No soy psicóloga, pero algo he aprendido. En primer lugar, siempre el pensamiento va antes que la emoción, hay que partir de ahí. ¿Qué hacemos cuando tenemos un pensamiento negativo? Lo etiquetamos. Decimos: “este es un pensamiento negativo y me está haciendo daño”. Una vez etiquetado, lo filtramos (somos como un antivirus, que deja pasar unos programas y otros no; así debemos actuar) Entonces decimos: “este es un pensamiento negativo y no lo quiero en mi vida”.
¿Cómo evitamos que pase o se quede con nosotros y nos hiera? Muy sencillo: centrándonos en lo bueno que tenemos (sea lo que sea) y agradeciéndolo (yo personalmente se lo agradezco a Dios).
Compañeras y compañeros, somos como una cámara, podemos poner el enfoque. Según donde situemos nuestra atención, así seremos más felices o sufriremos más. No somos culpables de que nos vengan pensamientos negativos, pero sí somos responsables de lo que hacemos con ellos. Gran parte de nuestro bienestar nos viene dado a través de dónde pongamos y enfoquemos “nuestra cámara”, de centrarnos en lo que tenemos bueno y que realmente podamos agradecer.
Y con esto me repito en el “verbo agradecer”: Muchas gracias a mi querido psicólogo que me ha enseñado estas herramientas tan útiles.
Otro punto que me parece esencial, como bien sabréis, es que en esto hay dos partes: la psiquiatría y la psicología.
Con respecto a la psiquiatría, deciros que habléis abiertamente con vuestra profesional o vuestro profesional de la salud mental en todo lo que se refiere a este ámbito: desde los efectos secundarios, a posibles cambios en la medicación o a temas personales. Siempre seguid sus pautas en la medicación, y por supuesto, nunca dejéis de tomar la medicación, ni un solo Lacasito (como llamamos en mi familia a las pastillas). Muchas gracias, mi querida doctora del CSM Retiro.
Respecto a la parte de la psicología, es fundamental hacer un esquema bien definido con vuestra psicóloga o vuestro psicólogo de los síntomas -tanto de depresión como de manía- para reconocerlos bien e identificarlos cuando se presenten de forma leve. Y dando el consecuente aviso tanto a educadoras y educadores como a psiquiatras y psicólogas y psicólogos del entorno donde estéis. Con el fin de que se tomen medidas para que el episodio no se agrave y os volváis a equilibrar. Mucho mejor si no sucede esto, pero hay que saberlo por si acaso.
Yo lo hice con mi psicóloga (gracias Marta) y evité un episodio maníaco agudo que me hubiese llevado a la hospitalización. Fui avisando de síntomas como la irritabilidad, la verborrea, etc., a mis educadoras y educadores (thank you!), a mi psicóloga, a mi equipo de apoyo de mi CSM (gracias a mi psicóloga y trabajadora social, os quiero). Ellas y ellos, a su vez, informaron a mi psiquiatra. Me parece un punto básico en el manejo como paciente en el trastorno bipolar.
También un especial agradecimiento a mi trabajadora social de CSM, una salmantina de “pro”, que me dijo que me iba a “sacar para adelante” y gracias a Dios así ha sido.
Para terminar, os pediría que os ciñáis al propósito de este texto: mi intención de ayudar, no de hablar de mi vida personal. Os agradecería de corazón que, si comentáis, lo hagáis únicamente sobre el tema que trata este escrito.
Un abrazo,
Pilar.
"La segunda mirada"
Pilar:
Como psicóloga, como Marta, te devuelvo el mensaje con la gratitud de quien ve su trabajo valorado. Aprendo de ti, aprendo contigo, aprendo a ver el Trastorno Bipolar más allá del diagnóstico, de los manuales, los libros, los artículos y los escritos en primera persona, porque aprendo desde tu voz.
Aprendo a través de tus vivencias, experiencias y emociones, y agradezco ser uno de los vehículos que te ayuda a descubrir el lugar donde encuentras calma y equilibrio. Equilibrio, esa palabra a la que tantas veces hemos recurrido y que tantas otras me has dicho que sentías que no alcanzarías.
Recordar nuestra historia a veces duele, pero expresarla también nos permite entender, comprender y colocar. Hablamos en la medida en que podemos hacerlo, y solo así cobra sentido: respetando y aceptando los silencios y las palabras. Agradezco tu apertura para compartir tu pasado, para mostrar las heridas y, sobre todo, para aceptarlas e integrarlas desde otro lugar -porque ya no estamos ahí-.
Ese día que marcó (cito textualmente) “un antes y un después”, elaboramos el famoso documento de prevención de recaídas, un documento que, lejos de sonar clínico, lo hicimos cercano, amable, comprensible: lo hicimos nuestro. Hablamos sobre las dos fases; sabíamos que lo fácil era reconocerte en lo depresivo: en la tristeza, la melancolía, la desesperanza. Lo difícil, era sentir que podías salir de ahí.
Lo difícil, también, era reconocerte en la manía, en esas señales de alarma que te costaba ver, pero que las sentías en tu cuerpo. Profundizar en todos estos síntomas (o sentires) nos ha permitido conocer lo que ocurre antes, durante y después de una crisis, saber qué podemos -y que no- hacer, para anticipar y protegernos de no volver a un lugar en el que no queremos estar.
Como equipo, nos has permitido conocerte, expresarte, abrirte y dolerte con nuestra compañía. Nos has permitido mostrarte nuestra visión, aceptando, cuando podías recogerlo, cómo te veíamos. Nos has permitido conocer muchas de tus versiones, desde la cercanía y el cariño con el que nos nombras con apodos. Hemos sido apoyo cuando lo has necesitado, hemos sido silencio cuando lo has pedido. Hemos aprendido a adaptarnos a tu proceso, a tu ritmo y a tu necesidad, nos has permitido acompañarte en cada uno de tus momentos.
La incertidumbre y las dudas también forman parte de nuestro trabajo, forman parte de reconocer nuestras limitaciones y reconocernos en el permiso de no saber. Recuerdo preguntarte cómo podíamos ayudarte y recuerdo cómo nos devolvías la pregunta, porque “nosotras sabemos”. Nuestro mensaje siempre ha sido el mismo: al contrario, quien vive y siente, eres tú. Y nosotras te acompañamos, pero aquí todas las partes se hacen importantes, todas se hacen una.
Gracias por el camino, el inicio del que queda por recorrer y, sobre todo, gracias por lo aprendido.
Porque el trastorno bipolar son dos fases conviviendo, y nosotras, dos miradas aprendiendo.